Mientras el alba encendía al Este, aún la penumbra flotaba en proa, y los marineros, pulían con grandes lampazos , la madera fina de color negro, que aún en la oscuridad, resplandecía.
Solitarios, meditabundos, pero con la firme convicción de su próxima fechoría, Drake y Winston, con mirada ecechante seguían al viento del Oeste. Mientras tanto; Drake, de las bolsas de su gabardina negra, sacaba un puñado de alpiste, para alimentar a Lorenzo; el loro hablantín que raptó en La Posesión y que desde ese entonces, nunca lo separaba de su hombro.
Lentamente y camuflada por la bruma marina, iba la fragata, ante la desvanecida Cruz del Sur en el horizonte; al lo lejos se divisaban algunas luces débiles de candil, de alguna pobalción de la costa usuluteca.-
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