Fuego en el sur
Era febrero y ya los corsarios habían zarpado de Petronila, Drake había confiado a Winston el seguro entierro de los macacos robados en León. Partieron en galeones artillados, de caoba negra –la más extraña de las maderas— de Panamá. Mientras se adentraban en el mar y en la proa saboreaban los sonidos náuticos, los delfines saltaban como flechas filosas queriéndoles enseñar las rutas a Acaxual.-
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