FRENTE A JIQUILISCO
Iban resurgiendo las montañas tostadas por el amanecer, de las cordilleras de Usulután, a lo lejos el Chaparrastique observaba y las columnas de vapor de los infiernillos se liberaban hacia el cielo azul Cuzcatleco, ya el agua del pacifico se coloreaba del azul más profundo y algunos marineros de la embarcación se disponían a pescar algún atún o algún dorado que asomaba a la superficie. La mirada de Drake se perdía en la llanura que resaltaba un verdor inhóspito y espeso.
Si bien, los corsarios habían depositado dos cofres cargados de macacos de plata en la Isla de Petronila, en el Golfo de Fonseca. Llevaban consigo un cofre cargado de porcelana y utensilios de plata de Potosí, y Drake se miraba en la necesidad de esconderlos en algún punto del litoral inexplorado de El Salvador, el corsario tenía la corazonada de que esa franja verde era una barrera natural inexplorable, y que era el mejor lugar para esconder su cofre preciado.
Entonces ordenó a Winston que bajaran anclas, y que bajaran la pequeña lancha para llegar hasta aquel paraje, uno de los más hermosos. La lancha de remos, fue cargada con el tesoro, y Drake iba acompañado de unos 7 hombres, los que ayudarían a despejar el camino con sus machetes, además, cargarían consigo las palas para cavar. En el trayecto Lorenzo movía las alas, para sentir por un momento el sabor a libertad, y jugueteaba con el arete de oro que prendía de la oreja del capitán Drake.
No hay comentarios:
Publicar un comentario