Vela vieja
Los puros del Ché Guevara, están apagados de forma humillante,
En las calderas del exilio.
Parece que aquella vela vieja, que deambula en las casonas por las noches en la Habana,
No se ha apagado.
Tiembla el vaso de agua, que irriga los riñones, en las noches tibias,
Aquella boca seca, palabras segadas por el desgaste de los discursos,
Una mancha de saliva, recorre un traje verde, de telas orientales,
Y que conforman la armadura de los años.
Los misiles no han podido penetrar los sentimientos nucleares,
Las amenazas de mortíferos atentados no han podido esconder las valientes bocanadas de humo y el cofeínomano argumento de la Isla.
Todavía no existe el contrincante atrevido que abrirá las compuertas de un alma rebelde en un cuerpo envejecido.
¿Y las noches como son? Pensamientos a mil por hora, con papel de arroz, una linterna y una pluma de emergencia. Respirar el último fragmento de aire Caribe y exhalar décadas de testarudez idealista.
Cuando los últimos rayos de sol, desnudan al Castillo del Morro, las gaviotas escriben en los cielos la alerta de que aún vive, vive en los laberintos de los revolucionarios.
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