Estruendos Nocturnos
Ya vienes viento perturbando la quietud,
En ráfagas ahuyentas a los fantasmas de la noche,
Y en las copas despeinas a los halcones,
Te aborrecen porque enfrías el café de los desconsolados de las calles,
Y metes tierra, polvo y arena en los ojos de los mirones,
Induces a la hipotermia, a la musa que se desnuda y se baña,
Matas a la culebra en su nido.
Las montañas no te son suficientes,
Ni las edificaciones paupérrimas,
No amedrentas derribar los pañuelos enfermos,
Y secas los charcos de renacuajos,
Limitas la sed del novillo,
E impides el sudor del obrero.
Aborrezco tus estruendos nocturnos,
Molestas las invisibles notas del sueño,
Con ruidos engrandecidos.
Solo Dios te puede calmar.
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