MAESTRAS
Enorme trabajo apaciguar a las turbas infantiles.
Una aguja atraviesa el mundo de distracción infantil,
Sin querer una semilla se ha fecundado por las estelas de la perseverancia.
Ahí en el aula todos escuchan a la segunda voz, que no es el llamado materno,
Una persona embestida con la autoridad espiritual de los cuentos y el mundo sensible,
Un aroma enriquecedor de enseñanza, las manos de la maestra cargadas de criterio creativo y ternura natural.
La maestra presto sus ojos a la madre cuando cuidaba en el patio a sus alumnos,
Dejó de comer por estar siempre alerta.
Alguna vez la maestra lloró cuando nos retiramos de su vista y seguimos por el camino del mundo.
Talvez deseó una sonrisa y un hasta luego.
Nosotros sin comprenderlo y sin sentirlo,
Bajo los influjos del desinterés infantil seguimos en la inmensidad del juego.
Pero hoy que estamos sumergidos en la filosofía de la vida,
Aunque ya los cuerpos de esos seres especiales sean polvo,
Reconocemos su importancia.
Hoy aceptamos que el fruto del saber emerge de la cosecha de esas
Humildes almas benditas del conocimiento.
Ángeles de los lápices y crayolas.
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