Odio sin fronteras, bajo la voluntad de la intolerancia
Manhattan fue estremecido por la garra del odio musulmán,
El recorrido de la cólera de años tras no poder soportar las degeneraciones del mayor de los diablos. Un acto dantesco que culmino con la perforación de la frente de la primera torre. Secundó la desintegración de Atta quien gritó fulminándose en la explosión: “Alah el compasivo, el misericordioso”.
Fue herido el orgullo económico por la estocada de la intolerancia, los emisarios del oriente humillaron a Estados Unidos hasta verlo hincado y doliente en segundos. Tuvieron la satisfacción de provocar la imagen de un presidente Bush desconcertado portando la máscara de la ignorancia y la impotencia, causa que motivó una reacción de desquite y persecución de otro gran demonio viviente Osama Bin Laden y culminó años después con la casería de un diablo menor: Saddam Husein.
Pero la realidad, la devastación quirúrgica, que tiño de polvo y papel las calles de una ciudad de ensueño ya estaba realizada y finalizada, concluida con logros de júbilo para los inquisidores del medio oriente.
El acto culminó en una matanza global y un lamento cosmopolita, de las almas justas destripadas en la calle y de la piel fundida en el intenso calor, los lamentos, la aflicción y la agonía se expresaron en distintos idiomas.
Momento de héroes y de vengadores. Que día tan simple para ser tan importante.
Manhattan fue estremecido por la garra del odio musulmán,
El recorrido de la cólera de años tras no poder soportar las degeneraciones del mayor de los diablos. Un acto dantesco que culmino con la perforación de la frente de la primera torre. Secundó la desintegración de Atta quien gritó fulminándose en la explosión: “Alah el compasivo, el misericordioso”.
Fue herido el orgullo económico por la estocada de la intolerancia, los emisarios del oriente humillaron a Estados Unidos hasta verlo hincado y doliente en segundos. Tuvieron la satisfacción de provocar la imagen de un presidente Bush desconcertado portando la máscara de la ignorancia y la impotencia, causa que motivó una reacción de desquite y persecución de otro gran demonio viviente Osama Bin Laden y culminó años después con la casería de un diablo menor: Saddam Husein.
Pero la realidad, la devastación quirúrgica, que tiño de polvo y papel las calles de una ciudad de ensueño ya estaba realizada y finalizada, concluida con logros de júbilo para los inquisidores del medio oriente.
El acto culminó en una matanza global y un lamento cosmopolita, de las almas justas destripadas en la calle y de la piel fundida en el intenso calor, los lamentos, la aflicción y la agonía se expresaron en distintos idiomas.
Momento de héroes y de vengadores. Que día tan simple para ser tan importante.
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