Ernesto perseguido por perros feroces
-- ¡Corre Ernesto!, que este es el momento que esperaban los perros hechiceros para perseguirte, van feroces dispuestos a despedazarte una nalga, y arrebatarte el paraíso que construiste en Solentiname.
No hay esquina azul que desprecien, ni bello amanecer en el Cocibolca que no deseen, ya que tú construiste un vergel en la quietud, hoy acuerdan arrebatártelo.
Que quede claro Ernesto, que no les importaría desnudarte como lo hicieron con el noble sacerdote, ni ponerte mil rameras desnudas a tus pies, pero aún desnudo y sin choza, ni hamaca, lo que te quedan son tus versos. ¡Afílalos! que sean letales, como los que proferiste en épocas gloriosas a la oscura Dinastía y que quiérase o no la golpeaste como una ráfaga invisible.
Los años te reclaman, quieren arrebatarte de un día para otro, pero no te vayas sin antes haber defendido tu piel hecha tierra clavada en el Gran Lago, no te vayas sin haberlos espantado y desterrado a las catacumbas infernales de donde provienen.
-- ¡Corre Ernesto!, que este es el momento que esperaban los perros hechiceros para perseguirte, van feroces dispuestos a despedazarte una nalga, y arrebatarte el paraíso que construiste en Solentiname.
No hay esquina azul que desprecien, ni bello amanecer en el Cocibolca que no deseen, ya que tú construiste un vergel en la quietud, hoy acuerdan arrebatártelo.
Que quede claro Ernesto, que no les importaría desnudarte como lo hicieron con el noble sacerdote, ni ponerte mil rameras desnudas a tus pies, pero aún desnudo y sin choza, ni hamaca, lo que te quedan son tus versos. ¡Afílalos! que sean letales, como los que proferiste en épocas gloriosas a la oscura Dinastía y que quiérase o no la golpeaste como una ráfaga invisible.
Los años te reclaman, quieren arrebatarte de un día para otro, pero no te vayas sin antes haber defendido tu piel hecha tierra clavada en el Gran Lago, no te vayas sin haberlos espantado y desterrado a las catacumbas infernales de donde provienen.
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