Una ciudad en manos desinteresadas
Hay que dividir lo político de lo urbano y lo saludable. La ciudad de San Salvador a cambiado mucho desde su fundación en 1525 a tenido en sus gobiernos municipales a auténticos visionarios y personas desinteresadas por el ordenamiento de la capital. Una ciudad inexplicable, donde puede convivir el desorden y se puede destruir el patrimonio. Capital donde se puede construir en cualquier lugar, y se puede poner una venta de lo que sea en cualquier lugar. Una ciudad muy poco vistosa estéticamente, adornada por estructuras provisionales del comercio informal, aceras insalubres e intransitables. Un problema llamado basura, el problema que reprueba a los alcaldes en función. Las epidemias que cobran vidas anualmente por el limitado interés por la limpieza de los causes.
Se encierra el desinterés en el palacio municipal, oídos sordos a una población de más de dos millones de habitantes, se ignora el pensamiento lógico, por escuchar a una minoría política que paga con voto. Las necesidades de una gran ciudad, desaparecen por la preocupación de un nuevo período.
Cada día crece la anarquía que pinta las paredes y los postes, que ensucia los parques y que roba las lámparas de los monumentos, la anarquía que permite el crecimiento del comercio desordenado.
¿Cómo la sociedad capitalina puede aportar su granito de arena para que la ciudad esté en manos más consecuentes y más interesadas por dominar una urbe incontrolable?
Los sabios afirman que toda sociedad tiene que inducirse a un régimen disciplinario y de respeto, lamentablemente desde hace muchos años, la capital se ha indisciplinado, pero eso es culpa también de los regentes despreocupados que hemos tenido.
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