Un banquete de soledad
Ya todos se han retirado y la cortina roja la agita el viento
Los platos están tirados sobre la mesa, los cubiertos sucios, y los espíritus satisfechos se han ido,
Hay una silla, y en ella está mi nombre,
Los ecos han bajado al submundo
Y a mi lado está la soledad.
Y ella me invita amablemente a comer,
En bajillas de porcelana y oro (limpias), y me ha dado cubiertos afilados de plata (limpios),
Roció el alma de las rosas sobre el comedor,
“¡Anda come!” Me dice su tierna voz…
“¡Pero solo hay sobras!” le digo tristemente,
“Eso es lo que hay” me lo dice de una manera conformista.
“¿Pues sabes que?” –Y aspiro fuertemente-- “sírveme de alimento”
Mientras degustaba este alimento tormentoso, me di cuenta de que era mejor comer soledad, antes de masticar sobras.-
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