Joaquín Manuel
El cuarto callado,
Con alma de cemento,
Vieron mecerse los ojos
Del gato invisible,
Mientras las horas eran calladas
Por una maquina de escribir,
Rabiosa de tinta,
Maltrataban el papel
Las notas con fuego
Ante el conjuro de los búhos
Y el silencio del cigarro.
Carlos era el guardián
Del templo noctámbulo
De El Salvador
Mientras la máquina
Intentaba gritar,
En el manantial de sus pensamientos.
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