
SUEÑOS CELESTES DE CATALUNYA
Salvador Dalí una incubación cósmica
Las pinceladas de Dalí resuenan en los sueños computacionales de los eruditos del Silicon Valley, cualquiera de ahí es un idiota escondido bajo los circuitos del arte artificial. Ante Dalí los mejores cerebros de Delhi los de Acrobat, son pequeñas hormigas descerebradas.
El Dalí Domenech de Catalunya, el que construía dimensiones extrañas e incomprensibles en sueños de pincel, orgasmos de extravagancia y tertulias interestelares con Garcia Lorca.
La razón para dejarse seducir por las vagancias inteligibles de la mente, era la incomprensión sensorial de las excitantes realidades que ofuscaban su espíritu.
Por eso los eruditos del Silicon Valley tratan de imitarlo en sus composiciones programáticas del arte artificial.
Una vez, llamado extraterrestre, por no comulgar con el puritanismo enfermizo de los madrileños, cautivó las mentes de dichos ciudadanos que se enamoraron de su excentricidad cuando ahondaron en sus obras cúbicas.
Ahí en los sueños celestes de Cataluña, invisible está el minotauro satisfaciendo sus sentidos ante la imagen viva de un enorme óleo llamado “El Gran Masturbador”
Salvador Dalí una incubación cósmica
Las pinceladas de Dalí resuenan en los sueños computacionales de los eruditos del Silicon Valley, cualquiera de ahí es un idiota escondido bajo los circuitos del arte artificial. Ante Dalí los mejores cerebros de Delhi los de Acrobat, son pequeñas hormigas descerebradas.
El Dalí Domenech de Catalunya, el que construía dimensiones extrañas e incomprensibles en sueños de pincel, orgasmos de extravagancia y tertulias interestelares con Garcia Lorca.
La razón para dejarse seducir por las vagancias inteligibles de la mente, era la incomprensión sensorial de las excitantes realidades que ofuscaban su espíritu.
Por eso los eruditos del Silicon Valley tratan de imitarlo en sus composiciones programáticas del arte artificial.
Una vez, llamado extraterrestre, por no comulgar con el puritanismo enfermizo de los madrileños, cautivó las mentes de dichos ciudadanos que se enamoraron de su excentricidad cuando ahondaron en sus obras cúbicas.
Ahí en los sueños celestes de Cataluña, invisible está el minotauro satisfaciendo sus sentidos ante la imagen viva de un enorme óleo llamado “El Gran Masturbador”
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