viernes, 26 de diciembre de 2008

EL REGALO INVISIBLE





EL REGALO INVISIBLE

Ya habían pasado las doce y las familias cenaban el exquisito pavo navideño, en cada casa los corchos de las botellas de vino y champagne formaban notas musicales de villancicos añejos, las uvas servidas en la mesa, maduras coqueteando con las aceitunitas y las nueces, el pastel de almendra y vino, los manteles rojos, y el árbol pinabeto destellante de constelaciones artificiales, los regalos, los niños dormidos que fueron sedados por el espíritu navideño de las doce.

Mientras tanto Manuel y Santiago salían a la calle a apreciar la alfombra de papeles de los últimos petardos, aún la pólvora flotaba en la tibia noche, La Noche Buena.

-- A estas horas hace muchos años andábamos inquietos con la pólvora
-- Amontonando los papeles y prendiéndoles fuego ¿Te acordás?
--¡Tiempos aquellos Santiago! Sin pólvora no había alegría…
--¡Llanto! También, ¿Te acordás cuando me estalló el morterito en la mano Manuel?
-- Si me acuerdo que no dejabas de chillar, tu nana te embadurnó el dedo de pasta de dientes
-- Jajajaja, si me acuerdo, tiempos aquellos, la fantasía de Santa Claus y el budín con pasas que le dejábamos bajo el árbol.
-- Y al final eran nuestros tatas los de los regalos…..
-- Creo que un niño tiene derecho a tener esa ilusión ¿No crees?
-- Santa es parte del espíritu navideño aunque no exista, pero hoy en estos tiempos, tanto fanático evangélico a propiciado la desilusión de Santa.
-- Carlitos tu hijo creen en Santa, el está seguro de que Santa es el que le compra los regalos…, es más, dice que Santa le lee la mente a los niños buenos.
-- Mirá, Carlitos, tiene un alma noble, fijate que muchos compañeritos del cole, y aún, sus propios primos lo persuaden para que no crea en Santa, pero en el puede más el espíritu navideño, el de la ilusión, aunque estamos claros de que el cipote va a crecer y la ilusión irá desapareciendo.

Luego de tomarse el tiempo para filosofar de la Navidad y sus misterios, Manuel tenia que decirle algo a Santiago, era un asunto muy importante, no quería herir los sentimientos navideños de su entrañable amigo Santiago, una persona que aprendió a caminar casi a la par de el, lamentablemente por las circunstancias del destino no pudieron ser hermanos de sangre, tuvieron que conformarse con ser lo mejores amigos.

--Santiago te tengo que decir algo
--¡Decime!
--Bueno vos sabes que el viejo Juan es un gran amigo de la familia, pues, llego antes del abrazo con una canasta cargada de productos caros, y…, bueno yo pensaba regalarte esta navidad a vos y tu familia una botella de vino….pero en el momento, por el compromiso, se la dí al viejo Juan…..¿No te molestas?
-- No jodás Manuel, yo pensaba que me ibas a contar algo fatal….
-- O sea, era tu regalo….
-- Mirá Manuel, llega un momento en la vida de los amigos, en la cual los regalos ya no importan, los regalos físicos se convierte en objetos invisibles muy valiosos.
-- ¿Cómo así?
-- Yo se que mi presencia es muy importante para vos y la tuya para mí, entonces se convierte en un regalo invisible que a ambos nos agrada y nos llena, por esa misma razón lo material es desechado por lo invaluable de la invisibilidad.
-- Interesante Santiago, no muy claro para los seres de consumo, pero me das a entender lo valioso que es un sentimiento espiritual fraterno para tu persona
-- A nuestro grado de amistad le es indiferente los regalos materiales degradables,
lo que importa es el regalo invisible no degradable.

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Carlos Francisco Imendia Guzmán

Carlos Francisco Imendia Guzmán
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Carlos F. Imendia, poeta.

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