Su Eminencia ¿Where are you?
Donde ha quedado aquella imagen de valentía morena, de grueso cuello y gruesa voz,
Aquella que despeinó a Somoza y encaró la retahíla de espantapájaros verdes que eran 7.
Donde esta el capellán de la contundencia, la voz que se impone en rumbo con el Evangelio.
Aquella garante institución purpurada de realengas chontaleñas, de cetro académico, de adornos didácticos de educación pontificia. Moldeado por las corrientes progresistas salesianas y por las sanas venturas de los aires calientes nicas.
Cardenal, ¿Dónde está?, que no lo desvele el sentimiento de su imperio educacional, ni se sumerja en aquellas tupidas junglas de la carretera a Masaya al son de la música de Chopin y Vivaldi en alguna mecedora, contemplando las fotografías gratificadoras de sus entrañables familiares.
Que Dios lo salve Cardenal, del envenenamiento sublime, de esa víbora multicolor que envenena hombres y no respeta hábitos purpurados. Que se le tapen los oídos al escuchar esas notas melodiosas, como las que entonaron las sirenas diabólicas contra Ulises.
Que no le duerman esa sabiduría de roble viejo, porque usted, hizo añicos con sus andanzas orales en el estrado mayor en el relato de la culebra los sueños del diablo. Pero hoy con las artimañas del seol, han llegado la pareja de murciélagos, a casarse en sus narices y a apestar el púlpito de azufre y leña, hoy quieren convertirse en blancas palomas pero no cambian sus patas de quirópteros prensiles.
¡Que su voz retumbe!, reivindíquese con Juan Pueblo que sufre el alteo de los murciélagos destructores.
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