Que excitante es ver llegar esa carne joven, herida por las bombas,
Aspecto sucio con ideales cubiertos de lodo, cabeza de cabellos negros golpeadas por las ramas, ojos intelectuales que vieron morir de dolor a Raúl Reyes y refugiarse bajo la fosa su computador camuflageado “el hablador”. Ahí vienen esas guerrilleras perdonadas por los Súper Tucano y las imposiciones de Uribe. Las bombas no respetaron la soberanía ni la hospitalidad de Corea el elegante mestizo de sobresaliente personalidad, despeinaron a Santa Rosa de los Sucumbíos y mandaron al otro mundo al publirelacionista de las FARC, aunque este dejó su alma en la computadora.
Las guerrilleras fueron rescatadas, heridas, y para sorpresa mexicanas, son los tiempos que uno piensa ya no existen espíritus rebeldes, sobre todo los que se encarnan en las mujeres. Fueron rescatadas luego de sobrevivir al Fénix, llevadas al hospital de Quito, y buscaron protección, fueron enviadas a un paraíso revolucionario: Nicaragua, ahí las esperaba Ortega, quien las veía llegar heridas todavía con sensación de pólvora. No pudo evitar el presidente la excitación y la admiración, en la sombra de su pensamiento los más eróticos planteamientos de unas almas jóvenes revolucionarias que buscan su protección.
No importa ser hombre viejo, piensa el comandante, mientras se le pueda acariciar su pelo y sus heridas, besar su orejas, y decirles en voz silenciosa palabras de aliento revolucionario, es más que suficiente. ¡Que se queden!
Aspecto sucio con ideales cubiertos de lodo, cabeza de cabellos negros golpeadas por las ramas, ojos intelectuales que vieron morir de dolor a Raúl Reyes y refugiarse bajo la fosa su computador camuflageado “el hablador”. Ahí vienen esas guerrilleras perdonadas por los Súper Tucano y las imposiciones de Uribe. Las bombas no respetaron la soberanía ni la hospitalidad de Corea el elegante mestizo de sobresaliente personalidad, despeinaron a Santa Rosa de los Sucumbíos y mandaron al otro mundo al publirelacionista de las FARC, aunque este dejó su alma en la computadora.
Las guerrilleras fueron rescatadas, heridas, y para sorpresa mexicanas, son los tiempos que uno piensa ya no existen espíritus rebeldes, sobre todo los que se encarnan en las mujeres. Fueron rescatadas luego de sobrevivir al Fénix, llevadas al hospital de Quito, y buscaron protección, fueron enviadas a un paraíso revolucionario: Nicaragua, ahí las esperaba Ortega, quien las veía llegar heridas todavía con sensación de pólvora. No pudo evitar el presidente la excitación y la admiración, en la sombra de su pensamiento los más eróticos planteamientos de unas almas jóvenes revolucionarias que buscan su protección.
No importa ser hombre viejo, piensa el comandante, mientras se le pueda acariciar su pelo y sus heridas, besar su orejas, y decirles en voz silenciosa palabras de aliento revolucionario, es más que suficiente. ¡Que se queden!
No hay comentarios:
Publicar un comentario