Mordido por un lémur.
De viaje por el remoto Madagascar, un importante dirigente de una congregación adventista, luego de culminar su misión en algunas aldeas de la enorme isla, suplicó a un aldeano que lo llevara a pasear por algunas selvas, morada de fauna y flora única en el mundo (como en Galápagos y Tasmania), el aldeano lo introdujo a la selva.
El dirigente, observó anonadado, estupefacto, lo maravilloso de una selva nunca antes vista, que dista mucho de la fría Europa, los olores exóticos de la flora, el extraño cantar de las aves, y algunos insectos rarísimos.
El dirigente decidió contemplar más detenidamente el entorno y se sentó junto a un árbol de 40 metros de altura, el aldeano advirtió al dirigente de algo, pero este no le entendía ni una palabra, más que los gestos de su cara.
De repente como un torbellino, dos enfurecidos lémures de cola anillada bajaban del árbol a una velocidad extrema, abalanzándose sobre el brazo del dirigente y sacándole tremendas mordidas. Inmediatamente el aldeano espantó con unas ramas a los molestos lémures, y atendió al adolorido dirigente.
El dirigente fue trasladado a una clínica por el aldeano, ahí una monja misionera irlandesa curó las heridas del dirigente, este pudo hablar con la religiosa.
--No debes cubrirte las heridas con nada, las bacterias pueden infectarte., únicamente lávatelas con jabón. Dijo la monja.
--¿Por qué me atacaron no les hicimos nada? Comentó el dirigente
-- ¡A´tuakun uhnan, manuto ungí´mm! Decia el aldeano en su lengua.
La monja que dominaba el dialecto del aldeano le tradujo al dirigente:
--Dice el hombre que los lémures te atacaron porque te recostaste en un árbol de machos terriblemente territoriales.
--¡Wow!, que iba a saber, si a puras penas hablo inglés, cuando este chico me advirtió no le entendía nada, más bien pensé que cantaba. Dijo el dirigente.
-- A´tuwaka unaka wae´ke ani jana ereuhma, hujkuia. Dijo en su lengua el aldeano
--Los árboles de más de 30 metros de altura son el hogar de los machos altamente territoriales, debes fijarte bien cuando descanses en uno de ellos. Le tradujo la monja.
De viaje por el remoto Madagascar, un importante dirigente de una congregación adventista, luego de culminar su misión en algunas aldeas de la enorme isla, suplicó a un aldeano que lo llevara a pasear por algunas selvas, morada de fauna y flora única en el mundo (como en Galápagos y Tasmania), el aldeano lo introdujo a la selva.
El dirigente, observó anonadado, estupefacto, lo maravilloso de una selva nunca antes vista, que dista mucho de la fría Europa, los olores exóticos de la flora, el extraño cantar de las aves, y algunos insectos rarísimos.
El dirigente decidió contemplar más detenidamente el entorno y se sentó junto a un árbol de 40 metros de altura, el aldeano advirtió al dirigente de algo, pero este no le entendía ni una palabra, más que los gestos de su cara.
De repente como un torbellino, dos enfurecidos lémures de cola anillada bajaban del árbol a una velocidad extrema, abalanzándose sobre el brazo del dirigente y sacándole tremendas mordidas. Inmediatamente el aldeano espantó con unas ramas a los molestos lémures, y atendió al adolorido dirigente.
El dirigente fue trasladado a una clínica por el aldeano, ahí una monja misionera irlandesa curó las heridas del dirigente, este pudo hablar con la religiosa.
--No debes cubrirte las heridas con nada, las bacterias pueden infectarte., únicamente lávatelas con jabón. Dijo la monja.
--¿Por qué me atacaron no les hicimos nada? Comentó el dirigente
-- ¡A´tuakun uhnan, manuto ungí´mm! Decia el aldeano en su lengua.
La monja que dominaba el dialecto del aldeano le tradujo al dirigente:
--Dice el hombre que los lémures te atacaron porque te recostaste en un árbol de machos terriblemente territoriales.
--¡Wow!, que iba a saber, si a puras penas hablo inglés, cuando este chico me advirtió no le entendía nada, más bien pensé que cantaba. Dijo el dirigente.
-- A´tuwaka unaka wae´ke ani jana ereuhma, hujkuia. Dijo en su lengua el aldeano
--Los árboles de más de 30 metros de altura son el hogar de los machos altamente territoriales, debes fijarte bien cuando descanses en uno de ellos. Le tradujo la monja.
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