viernes, 9 de mayo de 2014

QUIEN ES UN ESTADISTA Y QUIEN NO LO ES



QUIEN ES UN ESTADISTA Y QUIEN NO LO ES. 


Hemos confundido torpemente la palabra estadista de un político o un oportunista. Para empezar, los estadistas no nacen muy seguido, hay que esperar años sino siglos para que en nuestro terruño pueda nacer uno.  Las estampas populistas de estos tiempos nos han mostrado la imagen errónea de los estadistas u hombres de estado. Las identidades de los maniquíes políticos tratan en reiteradas ocasiones en  confundirnos mostrándonos una situación falsa. La realidad de nuestro país es la prueba máxima para comprobar la pureza del estadista o descubrir a los grandes farsantes de nuestra historia.  Los temas como: La economía, la seguridad, el empleo, la vivienda, la salud y la soberanía  son campos de acción para el verdadero estadista,  sin embargo, para el gran farsante, es un inmenso laberinto sin salida. El estadista no ve enemigos después de una elección, no ve oposición sino aliados, el burdo político, seguirá sacando trapos al sol y seguirá dándole vuelta a temas desgastados. El estadista  avista  vergeles en tierras infértiles, mientras que el engañador, entre más pobres y descalzos existan  en el país es mejor para su proyecto político. El Estadista ante el embate de la delincuencia y la emergencia, convoca inmediatamente a  los principales órganos de poder para incentivar a la solución inmediata con propuestas, el falso estadista buscará siempre excusas y  no titubeará en echarle la culpa del problema a las administraciones anteriores. El estadista estará velando siempre por la salud del pueblo y los  más necesitados, no escatimará esfuerzos para pelear por una refuerzo presupuestario en  fortalecer más  los hospitales con equipos y medicinas, el maniquí de estadista, no sabrá ni por donde empezar,  priorizará otros aspectos y minimizará la necesidad en la  salud. El Estadista consecuente, cabildeará hasta las últimas consecuencias  fuera de nuestras fronteras por tratar de atraer la inversión extranjera, para eso regulará leyes (con sus aliados legislativos) para favorecer en prestaciones  y facilidades al inversionista.  El falso estadista, sostendrá y es más, fortalecerá la engorrosa  burocracia que aquejan los trámites de los inversores; no moverá un dedo en su cabildeo por buscar leyes que abonen a mejorar el clima de la inversión.  El Estadista consecuente no dormirá pensando en fortalecer el agro, políticas gubernamentales en contra  de las plagas y el cultivo de nuestros productos autóctonos y de exportación, el  despreciable político simplemente nada le quitará el sueño, la cosecha caerá por la plaga, caerán la exportaciones y la solución más rápida será solicitar más préstamo y presupuesto para apalear el error.  El Estadista admirable, va a promocionar a su país ante el mundo, primero fortaleciendo la justicia y la seguridad para que éste sea garantía y atraiga al turismo, venderá con  honor la imagen de un país seguro ante el mundo, promoverá  proyectos de inversión turística y va a fortalecer las zonas  donde se desarrolle el turismo para que las comunidades propongan sus proyectos de auto sostenibilidad.  El que no la trae para Estadista, simplemente va a descuidar el sector y se mostrará indiferente ante un sin numero de propuestas, alegando que: “Hay otras prioridades”.

Yo creo que con todo lo antes expuesto, nos  queda claro que es un Estadista,  lastimosamente aún no existen personajes de la vida política salvadoreña a los que se le pueda tipificar de esa manera, hay muchos personajes sí,  que se les tipifica pero de políticos abusivos y oportunistas, hay muchísimos.

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Carlos Francisco Imendia Guzmán

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Carlos F. Imendia, poeta.

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