QUIEN ES UN ESTADISTA Y QUIEN NO
LO ES.
Hemos confundido torpemente la
palabra estadista de un político o un oportunista. Para empezar, los estadistas
no nacen muy seguido, hay que esperar años sino siglos para que en nuestro
terruño pueda nacer uno. Las estampas
populistas de estos tiempos nos han mostrado la imagen errónea de los
estadistas u hombres de estado. Las identidades de los maniquíes políticos
tratan en reiteradas ocasiones en confundirnos mostrándonos una situación falsa.
La realidad de nuestro país es la prueba máxima para comprobar la pureza del
estadista o descubrir a los grandes farsantes de nuestra historia. Los temas como: La economía, la seguridad, el
empleo, la vivienda, la salud y la soberanía
son campos de acción para el verdadero estadista, sin embargo, para el gran farsante, es un
inmenso laberinto sin salida. El estadista no ve enemigos después de una
elección, no ve oposición sino aliados, el burdo político, seguirá sacando
trapos al sol y seguirá dándole vuelta a temas desgastados. El estadista avista vergeles en tierras infértiles, mientras que
el engañador, entre más pobres y descalzos existan en el país es mejor para su proyecto político.
El Estadista ante el embate de la delincuencia y la emergencia, convoca
inmediatamente a los principales órganos
de poder para incentivar a la solución inmediata con propuestas, el falso
estadista buscará siempre excusas y no titubeará
en echarle la culpa del problema a las administraciones anteriores. El
estadista estará velando siempre por la salud del pueblo y los más necesitados, no escatimará esfuerzos para
pelear por una refuerzo presupuestario en fortalecer más
los hospitales con equipos y medicinas, el maniquí de estadista, no
sabrá ni por donde empezar, priorizará
otros aspectos y minimizará la necesidad en la salud. El Estadista consecuente, cabildeará
hasta las últimas consecuencias fuera de
nuestras fronteras por tratar de atraer la inversión extranjera, para eso
regulará leyes (con sus aliados legislativos) para favorecer en
prestaciones y facilidades al
inversionista. El falso estadista, sostendrá
y es más, fortalecerá la engorrosa burocracia que aquejan los trámites de los
inversores; no moverá un dedo en su cabildeo por buscar leyes que abonen a
mejorar el clima de la inversión. El
Estadista consecuente no dormirá pensando en fortalecer el agro, políticas
gubernamentales en contra de las plagas
y el cultivo de nuestros productos autóctonos y de exportación, el despreciable político simplemente nada le
quitará el sueño, la cosecha caerá por la plaga, caerán la exportaciones y la
solución más rápida será solicitar más préstamo y presupuesto para apalear el
error. El Estadista admirable, va a
promocionar a su país ante el mundo, primero fortaleciendo la justicia y la
seguridad para que éste sea garantía y atraiga al turismo, venderá con honor la imagen de un país seguro ante el
mundo, promoverá proyectos de inversión turística
y va a fortalecer las zonas donde se
desarrolle el turismo para que las comunidades propongan sus proyectos de auto
sostenibilidad. El que no la trae para
Estadista, simplemente va a descuidar el sector y se mostrará indiferente ante
un sin numero de propuestas, alegando que: “Hay otras prioridades”.
Yo creo que con todo lo antes
expuesto, nos queda claro que es un
Estadista, lastimosamente aún no existen
personajes de la vida política salvadoreña a los que se le pueda tipificar de
esa manera, hay muchos personajes sí, que se les tipifica pero de políticos abusivos
y oportunistas, hay muchísimos.

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