Moris Chapel
Tableón corsado – ebana la miel negra- pellizca el tarrito de noche – empreste el queruco en la acallada senda lunada – el canto inflado de Pasú- volátil y blanco.
Que llueve sobre tu cuerpo acostado – que mira la ventana quimbrar de miles de luces –
Tu tímido perfil de Atenea – que sostiene el Sil de oro – lleno de tu mirada verduzca
Y tu boca siempre mojada como los cuadros sensuales de la entrada de Moris Chapel.
Enrolada de trinos acúspes – sobre la carpeta roja que acoje los pies delgados de los Pordéos.
Mírame cada vez que te des vuelta y quieras mostrar tu naturaleza – aquí hay sed – cuando sabes a Kadir.
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