CUESTEA
Cien caminos y no saben dónde vives.
No encuentran los llapres, ni las marcas dejadas por tus tacones.
No hay siembras ni jalones de suelo.
Y a quienes les preguntamos (Los Ordones Mancos) nos dicen:
“Al otro lado del río”.
Un río más ameno que enojado, manso en invierno.
Luego, por el valle de las libélulas, la bajada de cal,
Apunta la casa platónica que te arrulla en la desnevada
Mientras sopla la brisa canébula que te enrolla con la luz de la tarde.
Ya vi donde anidaste.
Estoy en las bases de tu parador.
Y al fin, de una vez por todas, sostendré tus manos bañadas en vos,
De eucalipto y bálsamo verde y tu balbuceo del recanto
Encontrado en la fosa rozada por la preguntas.
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