el pura sangre
Era un perro aguacatero, de los millones que hay en mi patria, llegaba siempre al comedor y se echaba a la par mía, mientras yo comía, escuchaba las pláticas instantáneas de la hora del almuerzo, se quedaba quieto bajo mi silla, pues sabía de que antes que pagara, le tiraba los pellejos y una tortilla.-
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