10 de octubre
Yo era
Vasallo de la naturaleza,
Ella me hizo gritar,
Abatirme, y me alimentó
De terror.
Pude creer
En el Valle de Las Hamacas,
Cuando el alma
De la corteza
Se rehúsa a aceptar
Los maquillajes de San Salvador,
Puedo evocar las certezas y relatos
De Squier, que vio deshacerse
Al San Salvador primitivo.
Oí quebrarse al colegio de las élites,
Salí golpeado de su cadáver,
El sismo lo había marcado mortalmente
Con cruces.
Los jesuitas decían
Los rezos por las catástrofes
Eran necesarios antes (los cánticos preventivos),
San Salvador demolido era un
Hecho, las oraciones serían
Remedio para las victimas.
El mejor
Consuelo en ese momento
Era ser niño,
Aunque fue terrorífico
Vivir tan pequeño
La metamorfosis de la ciudad.
Hoy miro
A la ciudad
Y no la subestimo
Porque se que
Aquí tiembla diferente,
En un segundo
el cielo azul
Puede
ser una trampa
de lo que
puede suceder.
Que los torogoces
dancen exitados
bajo los amates
es una señal peligrosa.
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