miércoles, 3 de junio de 2009

Katamia y la indiferencia

Katamia y la indiferencia


Cierta vez asoló a Katamia, una rara enfermedad, nadie sabia de donde provenía, seguramente la traían las arenas enfermas del desierto.

En dicha tierra, había sabios médicos; y ninguna enfermedad era tan potente para sus conocimientos, sin embargo, la gente moría, enflaquecida y con la lengua desecha. Una nube de zopilotes opacaba la visibilidad de la ciudad. Cierta vez, el representante de los sabios, subió a lo alto de monte Maquiel, ahí puso a la flor que grita, frente a la ciudad. Dicha flor se abre por las noches y destila fuertes olores medicinales, los que caen sobre la ciudad.

Lamentablemente el efecto de la flor que grita, solamente se da por las noches. Al día siguiente, la enfermedad recobra fuerza y les quita la vida a veinte personas.

Milos Thé, un miembro del grupo de los médicos sabios, sabe que derretir cera celeste de la abeja real sobre el afluente Hecksikkon, curaría en un día a 10,000 almas, pero su pereza es más fuerte que su voluntad. Nunca lo hizo, ni lo hará, pese a que la gente cae muerta a sus pies.

Los sabios médicos de Katamia, se atienen a la ya casi marchita, flor que grita. La pobre flor exhala sus últimos suspiros al viento seco, que peina a las dunas y se aleja cada vez de la ciudad.

Dos ciudadanos piensan en el corazón de Katamia:

--Pronto la peste nos alcanzará, y seremos parte de este cementerio.
-- ¡No hay remedios! Los sabios lo guardan todos para ellos.
--Mientras las almas agonizan al pie de sus camas.
--¡Insensibles!
--Katamia les reveló todo, y aún así no pueden dar la salud a su pueblo
--Seguramente sus oídos se acostumbraron a las agonías
--¡Malditos sabios!, la peste un día crecerá, y sin duda alguna los abrazará.
--Han sido unos indiferentes.

Reflexión: Muchas veces un país, proporciona la educación y la formación profesional a muchos individuos, lamentablemente, cuando estas personas han terminado su formación, su ego toma una posición más prepotente y se exilian en el planeta de los inalcanzables. Los problemas como la pobreza, el desempleo y la delincuencia son las pestes que consumen nuestros países, y los sabios médicos, son aquellos profesionales formados por nuestro país o que nuestro país ha permitido su formación fuera de estas tierras; y aún así, no hacen nada, o les es indiferente nuestra problemática.

La indiferencia ante un problema, teniendo la solución en las manos, es un pecado y una vergüenza.

El pueblo repudia esa acción, porque miles de vidas se pierden diariamente ante la mirada fría de la indiferencia.

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Carlos Francisco Imendia Guzmán

Carlos Francisco Imendia Guzmán
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Carlos F. Imendia, poeta.

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