Semana Santa en Cartago
No me refiero a la humeante nación de Aníbal,
Estoy frente a las estatuas de piel,
Frente al grandioso santuario,
Nunca vi un afluente fresco, suspirar en la superficie.
La vena abierta que los ángeles consuelan.
Segundos trascendentales que los humanos veneran.
Una Semana Santa en Cartago,
Hija robusta de Costa Rica,
Yo vi con mis ojos,
La maravilla del manantial.
El agua brotaba incansable y yo alucinaba con la vida.
Quería ser limosnero, en medio de las almas cansadas,
Quedarme al lado de la gruta, donde la vida es gratis y el consuelo infinito.
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