
El nacimiento de un poeta
Alguien rompió los aires en grito desangrante,
La proeza de mi madre al dar a luz en el corazón de San Salvador,
Ahí se daban cuenta los espíritus de libertad que rondan los callejones,
Del antaño y de los decenios, ahí se espantaron las palomas de Candelaria,
Al oír la fuerza de los diminutos pulmones inaugurados, eran los años
De la bonanza y de los cambios sociales, había nacido Carlos Francisco Imendia,
Engullendo bocanadas de capital, respirando aún el rocío que se extinguía de las maderas bien cuidadas y de los faroles lujosamente decorados.
Ahí lloraba un niño, en plena noche estrellada resguardado en el regazo caliente
De una madre primeriza.
Así dormía mi primera noche en San Salvador, al son del calostro bendito y
De las alegrías implacables.
Gracias Dios por tener como me tienes y por darme este don de construir fantasías,
Que para mi es más que riqueza.
El poeta tiene hambre material, pero subsiste amamantándose de las letras espirituales.
¡Y vive!
Carlos Francisco Imendia Guzmán
28 de Noviembre de 2008
Alguien rompió los aires en grito desangrante,
La proeza de mi madre al dar a luz en el corazón de San Salvador,
Ahí se daban cuenta los espíritus de libertad que rondan los callejones,
Del antaño y de los decenios, ahí se espantaron las palomas de Candelaria,
Al oír la fuerza de los diminutos pulmones inaugurados, eran los años
De la bonanza y de los cambios sociales, había nacido Carlos Francisco Imendia,
Engullendo bocanadas de capital, respirando aún el rocío que se extinguía de las maderas bien cuidadas y de los faroles lujosamente decorados.
Ahí lloraba un niño, en plena noche estrellada resguardado en el regazo caliente
De una madre primeriza.
Así dormía mi primera noche en San Salvador, al son del calostro bendito y
De las alegrías implacables.
Gracias Dios por tener como me tienes y por darme este don de construir fantasías,
Que para mi es más que riqueza.
El poeta tiene hambre material, pero subsiste amamantándose de las letras espirituales.
¡Y vive!
Carlos Francisco Imendia Guzmán
28 de Noviembre de 2008
No hay comentarios:
Publicar un comentario