El huracán de voces del Coloso de Montserrat pudo haber aturdido la concentración de los panameños el día de ayer, es una de las peculiaridades de esta estructura, la resonancia es más directa, un retumbo potente que la tricolor de México le teme.
A la fiel afición no la doblegó la tormenta, más parecía que la lluvia se evaporaba al chocar con el calor de los cuerpos y los basucazos de los múltiples sonidos.
A los 20 minutos, el panameño Gracés pretendió sucumbir los sueños de la afición empapada salvadoreña, pero Panamá ni Mano de Piedra, contaban con el Efecto Coloso de Montserrat.
Quien más para asustar a los canaleros que el magistral Cheyo, quien hizo bullir los ánimos de todo “sol”, Cheyo con ese tiro congénito de los profesionales anotó el empate. Pero aún así, la selecta no pasaba la nota, le quedaba un camino largo y duro: dos goles mas.
El camino se allanó como un regalo a la afición y se decreta penal sobre Cheyo, y una vez más se convierte en el verdugo de los panameños y anota el 2-1. Y como una historia hollywoodesca que termina en un final felíz y de gloria, se anota el tercer gol, su autor, el controversial Luis Anaya.
El Coloso no pudo más, de inmediato se evaporó la lluvia, y al unísono se coreaba el “si se pudo”.
Una vez más la esperanza de los salvadoreños retornó a la Selección Nacional de Fútbol. Pero.... ¡¡¡¡que efecto el del Coloso de Montserrat!!!!
A la fiel afición no la doblegó la tormenta, más parecía que la lluvia se evaporaba al chocar con el calor de los cuerpos y los basucazos de los múltiples sonidos.
A los 20 minutos, el panameño Gracés pretendió sucumbir los sueños de la afición empapada salvadoreña, pero Panamá ni Mano de Piedra, contaban con el Efecto Coloso de Montserrat.
Quien más para asustar a los canaleros que el magistral Cheyo, quien hizo bullir los ánimos de todo “sol”, Cheyo con ese tiro congénito de los profesionales anotó el empate. Pero aún así, la selecta no pasaba la nota, le quedaba un camino largo y duro: dos goles mas.
El camino se allanó como un regalo a la afición y se decreta penal sobre Cheyo, y una vez más se convierte en el verdugo de los panameños y anota el 2-1. Y como una historia hollywoodesca que termina en un final felíz y de gloria, se anota el tercer gol, su autor, el controversial Luis Anaya.
El Coloso no pudo más, de inmediato se evaporó la lluvia, y al unísono se coreaba el “si se pudo”.
Una vez más la esperanza de los salvadoreños retornó a la Selección Nacional de Fútbol. Pero.... ¡¡¡¡que efecto el del Coloso de Montserrat!!!!
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