EL CAMBIO.
San Salvador no es el mismo de los años hostiles,
Cuando sonaban las balas, la campiña era más verde.
Abrigados íbamos al colegio por las mañanas.
Estallaba una bomba a metros de nosotros y salían bandadas de pericos y zanates despavoridos de los árboles.
Pasaban los helicópteros a acribillar el volcán de San Salvador en las tardes de mayo,
Subían por los aires los quejidos, cuando se evaporaba la lluvia en las grietas del volcán verde.
Las malezas cubrieron los escombros de los terremotos, nacieron conacastes en las comarcas de los duendes, se bañaban las doncellas en las arroyos helados del volcán y toda la naturaleza cantaba en la hostilidad.
Hoy en la época pacifica, los hombres han encaminado el calentamiento de la ciudad a pasos agigantados.
Allá por Soyapango, en el cantón el Limón, la legendaria comarca pipil , hoy se abaten del calor. Porque han construido las cajas de fósforo para que vivan los obreros, han suplantado los platanares y los guayabales frescos por extraños artefactos de cemento.
Y las colinas de la troncal del norte, aquellas que se refrescaban con rocío en las tardes del conflicto, tienen que soportar el retorno de las estampidas que van hacia Apopa desde el centro, y el humo se agarra en las pocas hojas que quedan en la zona en estos tiempos.
Que podemos hablar de las faldas de San Ramón, han sido sitiadas por el cemento de los sin hogar, ya muchos pájaros han callado, más bien hoy resuenan por las comarcas de la ziguanaba, el zumbido de los tractores y las bravietas de los camiones.
El cambio ha comenzado.
Carlos Francisco Imendia.
San Salvador Abril de 2008
San Salvador no es el mismo de los años hostiles,
Cuando sonaban las balas, la campiña era más verde.
Abrigados íbamos al colegio por las mañanas.
Estallaba una bomba a metros de nosotros y salían bandadas de pericos y zanates despavoridos de los árboles.
Pasaban los helicópteros a acribillar el volcán de San Salvador en las tardes de mayo,
Subían por los aires los quejidos, cuando se evaporaba la lluvia en las grietas del volcán verde.
Las malezas cubrieron los escombros de los terremotos, nacieron conacastes en las comarcas de los duendes, se bañaban las doncellas en las arroyos helados del volcán y toda la naturaleza cantaba en la hostilidad.
Hoy en la época pacifica, los hombres han encaminado el calentamiento de la ciudad a pasos agigantados.
Allá por Soyapango, en el cantón el Limón, la legendaria comarca pipil , hoy se abaten del calor. Porque han construido las cajas de fósforo para que vivan los obreros, han suplantado los platanares y los guayabales frescos por extraños artefactos de cemento.
Y las colinas de la troncal del norte, aquellas que se refrescaban con rocío en las tardes del conflicto, tienen que soportar el retorno de las estampidas que van hacia Apopa desde el centro, y el humo se agarra en las pocas hojas que quedan en la zona en estos tiempos.
Que podemos hablar de las faldas de San Ramón, han sido sitiadas por el cemento de los sin hogar, ya muchos pájaros han callado, más bien hoy resuenan por las comarcas de la ziguanaba, el zumbido de los tractores y las bravietas de los camiones.
El cambio ha comenzado.
Carlos Francisco Imendia.
San Salvador Abril de 2008
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